viernes, 2 de mayo de 2008

Discurso por el Día del Maestro

Considerando que la profesión de docente exige de sus miembros que tengan en cuenta una nueva jerarquía de valores en la que el bien público esté por encima de las conveniencias personales, y que sin dudas sus logros están a simple vista, cabe con justicia recordar y celebrar esta gran fecha del calendario escolar, “Día del Maestro”.

El 30 de abril pone a un pueblo educado que es capaz de escoger a sus mejores ciudadanos para representarlo y administrarlo, para propiciar y alentar el cambio que persigue. Actualmente, la Reforma Educativa da sus frutos no solo en la transmisión de conocimientos, sino en la prédica con el ejemplo.

Este pueblo instruido, educado hace al país y es el único que fortalece y consolida el régimen democrático. La labor de los educadores es, asimismo, esencial para el apuntalamiento económico. Esto fue demostrado innumerablemente veces en varios países del mundo. Los florecimientos tecnológicos en Taiwán o en la India no se han producido por casualidad, sino por su dedicación plena a respaldar el fortalecimiento de sus instituciones educativas, orientadas hacia un único objetivo: el bien colectivo.

Como la responsabilidad apunta a ese fin, está en manos de los docentes en general servir a los más altos ideales de la República, impulsando el cambio. Los maestros forman a los ciudadanos y gobernantes del mañana, que están destinados a enfrentar desafíos cada vez mayores de los tiempos venideros.

A todo esto es importante añadir que el rol del docente en el siglo XXI seguirá siendo indispensable para enseñar a aprender la ciencia, enseñar a gestionar estratégicamente los conocimientos científicos, enseñar a ser ciudadanos moral y éticamente comprometidos con los conocimientos que transmite y con la realidad social en la cual convive con los estudiantes.Este “día” lleva a reflexionar acerca de que ser maestro no solo implica conocer técnicas pedagógicas, sino sobre todo tener vocación para vivenciar en la propia existencia y en los estudiantes principios y valores superiores dignificantes de la condición humana.

Ser profesor es producir y enseñar un saber al tiempo que se profesa; es decir, que se promete asumir un compromiso y una responsabilidad que no se agotan en el acto de saber, de investigar o de enseñar.

La gama de compromisos de los profesores es tan grande como sus almas mismas. Todos los días, como todos los años, hace patria con la más sagrada profesión, la de ser maestros y maestras, verdaderos apóstoles de la educación.

Lic. Mirian Insfrán de González
Directora General del colegio nacional Pablo L. Ávila